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Egoístas y generosos

14 / Jun

Por Mariana Muñoz

Mariana Muñoz

Cuando era chica creía que los humanos se dividían en egoístas y generosos. Egoístas eran los momios y generosos los topos. Egoístas eran los de derecha y generosos los de izquierda.

Esto se fundamentaba en mi cabeza pequeña por el principio de la igualdad, cosa que me habían inculcado desde que estaba en la guata de mi mamá y en lo que creo profundamente hasta el día de hoy, cuando ya tengo 34 años.

Obviamente ya no veo el mundo tan polarizado y el tema de los egoístas y los generosos se volvió más complejo en la medida en que la historia se encargó de enredar un poco más las cosas. Aparecieron entonces los puntos medios o las tendencias centristas, las dadas vueltas de chaquetas, los engolosinamiento con el poder o las lucas y las numerosas variantes posibles para la clasificación de las personas según su deseo o no de compartir.

Tenía un poco olvidada esta apreciación de niña, pero el homenaje a Pinochet del domingo pasado me lo reflotó. Harta agua ha pasado debajo del puente en la historia de este país, pero claro, el recuerdo de los egoístas de mi infancia se hizo presente cuando aparecieron esos señores defendiendo a un gigante tan egoísta.

Tan egoístas son que justifican hasta el quitar la vida de alguien si es que esto les asegura que no perderán sus cosas. Incluso les pasa que no distinguen la realidad objetiva de la subjetiva y terminan negando las evidencias concretas de un genocidio como el que ocurrió en la dictadura militar.

No quiero redundar pero me gustaría detenerme un momento a describir lo que percibo de una realidad que comienza a volverse caricaturesca.

Juan González, presidente de la organización 11 de Septiembre, uno de los protagonistas de esta tira cómica donde egoístas y generosos vuelven a estar en el tapete de la discusión mediática, conversa por más de 24 minutos con una periodista en un importante canal de noticias. Cuenta de las dos mil personas que esperan para el evento en que la figura de Pinochet será agasajada. Describe el documental que se proyectará en esa instancia, que resume la historia de Chile desde el año 1964 al 2006 y que, al parecer, obtuvo el premio de Mejor Documental o Best Documentary en un festival de cine en Miami, El Festival Internacional del Gran Cine Hispano-Americano 2012.

Así comienza este folletín donde un portavoz del discurso egoísta relata la historia de una cinta audiovisual que hicieron impulsados por la necesidad de “hacer algo que cuente la verdad”, declarándose cansados ya, de aceptar “en forma estoica, todas las mentiras que se han dicho en este país”. En ella, desarrollan su propio punto de vista ante los hechos, donde la violación a los Derechos Humanos nunca existió, ya que los muertos, desaparecidos, detenidos y torturados, eran combatientes de una guerra que buscaba restablecer el orden del país.
    
Pero cómo puede ser que el cine se preste para presentar una perorata tan decadente y políticamente tan incorrecta, dicen los generosos. La negación y la justificación de los crímenes cometidos es la peor ofensa que le pueden hacer a la pequeña democracia que hemos construido.

Cómo puede ser que exista una película producto de esa mezcla tan poco imparcial y confusa. ¿Será que están haciendo cine gore? Porque al parecer son unos ancianos a punto de convertirse en fantasmas que en un último estertor, ofrecen un berrinche brutal e insolente.

Llega el domingo y los egoístas comienzan el evento que busca enaltecer a su líder. Ni siquiera la fantasía permite imaginar el cronograma de actividades que se planearon y allí ocurrieron con un principio, un desarrollo y un fin. Probablemente estuvo cargado de banderas y decorados de un tricolor estridente, discursos, cánticos y euforia colectiva. Pocas melodías caben como acompañantes pero el himno nacional de todas maneras estuvo presente. Una pantalla, una película y el resto es fábula.

Y pasan y pasan las noticias, las entrevistas, las notas en directo, los comentarios en las redes sociales y los generosos planean una protesta en las afueras del Teatro Caupolicán. Se revelan ante la subsistencia de los amarretes y de los avaros. Son reprimidos por unos parientes de los egoístas y todo se vuelve una telaraña de carros lanza aguas, palos, piedras, gases, peleas, gritos, carteles y acciones de arte que convierten a la calle San Diego en una puesta en escena.

El cine ayudó a los egoístas esta vez, los generosos por suerte tuvieron de su lado al teatro que, mediante la ocupación de la calle, les permitió la catarsis.

En Chile por lo menos nunca nadie ha usado un escenario teatral para hacer tributo a la tortura, al exterminio y a un asesino.

Esa es una evidencia, es la funa más contundente que se puede revelar. Oleoleoleola a donde vayan los iremos a funar, con explosivos coloridos, con flores repartidas, esta historia continuará… Oleoleoleola a donde vayan los iremos a funar.



Foto Kena Lorenzini

 

 

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