Es lo que en jerga de política universitaria se conoce como “apretar” al gobierno en la antesala de la cuenta pública del 21 de Mayo. Así opera la agenda del movimiento estudiantil, año tras año, desde el retorno a la democracia hasta la fecha.
Ahora bien, quien supuestamente era el ministro “menos político” del Gabinete, Harald Beyer, logró poner en jaque a la Confech, proponiendo una solución que apuntó precisamente al núcleo de las demandas del movimiento; en otras palabras, lo que el ministro Bayer logró fue cuestionar la legitimidad del mismo, al solucionar cuestiones tales como generar un sistema único de créditos, de manera de poner fin a la discriminación según el tipo de institución de educación superior. Y algo que era condición fundamental para el movimiento estudiantil, que el Estado sea el proveedor de fondos para financiar los créditos, reemplazando a los bancos.
Además, incluyó consideraciones como que el pago de los créditos en cuotas fijas con un tope máximo: Esto permite que los egresados no se vean sobrepasados devolviendo su deuda.
En cuanto a la brecha entre arancel de referencia y precio de lista, se propone recalcular los primeros en función de nuevas variables como empleabilidad e ingreso esperado de los egresados, y que sea la institución la que financie la diferencia mediante becas o créditos con las mismas condiciones que el crédito estatal: el financiamiento debe depender de factores medibles y las carreras que generarán mayores ingresos también tienen un costo mayor.
El ministro Beyer, sin interpelaciones políticas a los dirigentes, y sin declaraciones grandilocuentes, con total simpleza, logró una propuesta sensata que descolocó el trazado político de los dirigentes universitarios e hizo ver la marcha del 25 de abril como un simple “apriete” de la dirigencia, sin mayor lógica en términos reivindicativos.
La política es adaptativa, y el gobierno parece haber aprendido algunas lecciones. En contrapunto, fue un paso en falso para el movimiento estudiantil. Si lo que realmente preocupara a los dirigentes es una auténtica mejora de la educación en Chile, es tiempo de que sepan reconocer los avances, aunque las mejoras provengan de sus adversarios y destinen su tiempo y esfuerzo en proponer y no sólo rechazar.
*Columna realizada en conjunto con Jorge Ramírez, investigador del área política de Libertad y Desarrollo.
Foto Simenon Flickr © creative commons
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